Lectura – Primera gran conspiración

La inspiración para un México independiente


El 19 de junio de 1808, un grupo de criollos, entre quienes destacan el regidor Juan Francisco Azcárate, el abogado Francisco Primo de Verdad y Ramos, y el sacerdote Melchor de Talamantes, presentó al virrey José de Iturrigaray el proyecto para formar un gobierno provisional al frente del cual estaría él, y éste aceptó la propuesta; pero la Audiencia la rechazó, así como la solicitud del grupo criollo para formar una Junta Provisional, como la de España.

El 30 de agosto, las Juntas de Sevilla y de Asturias exigieron el reconocimiento de su soberanía sobre Nueva España, lo cual demostraba que el pueblo español no aceptaba como legítimo al gobierno impuesto por Napoleón. Esto llevó a Iturrigaray a negarse a reconocer a las juntas provinciales de la me ­ trópoli. Las acciones del virrey alarmaron al grupo peninsular, que se propuso destituirlo. La noche del 15 de septiembre, Iturrigaray fue aprehendido y sustituido por Pedro de Garibay, quien quedó sometido al poder de la Audiencia, es decir, de los peninsulares.

Aunque aquella primera conspiración terminó en fracaso, constituyó un ejemplo a seguir para el movimiento antiespañol, que lejos de extinguirse se vio intensificado, pues los criollos estaban dispuestos a no desaprovechar la oportunidad que ofrecía la invasión napoleónica a la metrópoli. En marzo de 1809, el virrey y los miembros de la Audiencia, empeñados en mantener el régimen colonial, prestaron juramento de fidelidad a la Junta Central creada en España. En julio, este organismo decidió destituir al virrey Garibay, incapaz de acabar con el movimiento de emancipación, cada vez más extendido. El nuevo virrey, Francisco xavier Lizana y Beaumont, aplicó una política conciliatoria, apoyó al Ayuntamiento y al partido criollo, con lo cual motivó el descontento de los peninsulares. Meses más tarde, la Junta Central exigió que Nueva España concediera a la metrópoli un empréstito cuantioso y esto produjo indignación general. Los miembros del partido criollo plantearon el asunto de la independencia, y los más decididos se lanzaron a la lucha armada.

En septiembre se dio en Valladolid (hoy Morelia), capital de la intendencia de Michoacán, una conspiración en la que participaron varios oficiales del ejército y miembros del bajo clero, cuyo plan consistía en formar un congreso que preservara la soberanía real mientras Fernando VII volviera al trono; los dirigentes ofrecían abolir los impuestos que pesaban sobre los indígenas, con el propósito de atraerlos a su causa. La insurrección, fijada para el 21 de diciembre de 1809, no se pudo llevar a cabo pues los conjurados fueron descubiertos y detenidos. Pese a su fracaso, la conjura de Valladolid logró contagiar de su espíritu revolucionario a otras ciudades cercanas, entre ellas Querétaro.

A principios de 1810, las noticias acerca de las derrotas sufridas por las tropas españolas en la metrópoli y la ocupación de la mayor parte del país por los invasores franceses, constituyeron el detonante de la insurrección en Caracas, Buenos Aires, Santa Fe de Bogotá y Quito, donde los ayuntamientos sustituyeron a las autoridades coloniales por medio de juntas gubernativas.

REFERENCIAS
Delgado, G. (2015). Historia de México. Legado histórico y pasado reciente. Pearson.

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